Al escribir estas líneas aun me estremezco al recordar esos, ya muchos, rostros sin nombre que ya no están entre nosotros, pero que son ya parte de mi vida y de algunos de mis mas amargos recuerdos.
Aunque estos sentimientos han ya forzado su ingreso en mi diario personal, desde el primer día que pise el pabellón de mujeres del “Princess Marina”, me ha tomado un buen tiempo, y algunas noches de insomnio, armarme de valor para poder compartirlo con ustedes, mi muy queridos lectores.
En estos pabellones fríos y tugurizados en los que ahora paso la mayor parte de mi nueva vida, la muerte, agazapada, acecha inadvertidamente tras los ojos de gente que, esperanzada, pero sin alternativa alguna, pone sus vidas en mis manos. Las heridas abiertas por la impotencia y frustración han marcado mi memoria y mi vida. Heridas que a fuerza de resistirme a la rutina de aceptar la innecesaria muerte de los mas humildes y mas necesitados, no dejare cicatrizar.
Lastimosamente, estos momentos de frustración y desesperanza, y que con seguridad seguiré experimentando en el futuro, se han convertido ya en cosa de todos los días. Sin embargo, la frustracion y rabia que siento ante la muerte, innecesaria y abrumadora de mis pacientes, no se compara con la que siento al ver la naturalidad con la que los médicos y enfermeras, con gran indiferencia, asumen.
Con la naturalidad con la que uno se acuesta por la noche, sabiendo que al día siguiente nos levantaremos para continuar con nuestra mundana rutina, médicos certifican, sin inmutarse, la muerte de una madre, que a sus 20 años deja ya tres huérfanos al cuidad de su madre, quien, sin soltar una lagrima, pero que con los ojos cargados de dolor, contempla el cuerpo inerte de su hija cubierta por una sabana sucia de hospital, a la espera de convertirse en una estadística mas.
Hoy, la muerte me miro directamente a los ojos. Desafiante, sabiéndose de antemano ganadora, tras los ojos de mirada desorbitada de quien se despide de una vida cargada de sufrimiento. Uno de mis pacientes murió. Luchando por unas cuantas, y últimas, bocanadas de aire, un hombre sin nombre murió en mis manos. Se que fui responsable, tal vez simplemente de acelerar lo inevitable, pero no puedo mas que pensar que pude haber hecho algo distinto. Nunca lo sabré. Nunca lo olvidare.
Aunque ahora descansa en paz, su partida no fue pacifica, ni digna. Y mis esfuerzos fueron inútiles. Y la carga sobre mis hombros, mi conciencia y mi memoria es pesada. Y el nudo en la garganta me impide gritar: Por que? Por que tuvo que suceder de esa manera? Por que el sufrimiento de los que más sufren es siempre más profundo e inconsolable? Por que la naturalidad con la que tomamos la partida de quien, esta mañana estuvo a mi lado y deposito su confianza, anhelo por empatia, esperanza y vida en mis manos? Y hoy su vida se me escurrió de entre las manos como agua que tratando desesperadamente de retenerla, no tuve más remedio que dejarla ir. Y los ojos con mirada vidriosa y resignada de su madre, que con gran resistencia dejsprendieron una que otra lagrima, aun me quema alma y la memoria. Por que tuvo que suceder así?
Y el carbón ardiente de la pena y frustración que me tuve que tragar, aun quema mis entrañas.
Y frustrado, pero sin resignarme a aceptar la partida de quienes nunca debieron haber partido, escuchare a los grandes expertos, llenos de palabras vacías, hablar de cómo arreglar el mundo. Pero ellos no hablaran de el, ni de su madre, ni de mí. Una vez más, ellos no hablaran ni de ti ni de mí.
Y sin embargo, mientras escribo estas líneas que arrancan parte de mi alma. Arrebatando parte de lo que fui y ya nunca mas podré ser, la brisa fresca del amanecer me rodea como las manos de un artesano que frente a un torno, moldea una masa aun amorfa de barro que inevitablemente se convertirá en algo mejor, de forma mas hermosa pero aun incierta. Y el sol de un nuevo amanecer se asoma tímidamente en un horizonte de esperanza y posibilidades.
Otro Cielo
"la stranezza di un cielo che non e il two" - Cesare Pavese
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre te faltaría un pájaro en silencio.
No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras por fin cómo es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón.
No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo.
Eso porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
Mario Benedetti
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre te faltaría un pájaro en silencio.
No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras por fin cómo es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón.
No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo.
Eso porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
Mario Benedetti
domingo, 7 de septiembre de 2008
domingo, 31 de agosto de 2008
Un poquito de porno salvaje... y voyerismo
Tau, South Africa, 30/08/2008
Al di siguiente salimos muy temprano nuevamente a explorar la nada. Poco después de medía hora a de trocha encontramos una pareja de leones. La hembra estaba en celo y el macho, como muchos otros machos de mi especie no dejaría pasar la oportunidad de pasar un buen rato. Así que haciendo gala de todo nuestro, no tan secreto, voyerismo nos sentamos c
ómodamente a disfrutar de un poco de porno salvaje. Aunque a mis 32 años alguna pornográfica experiencias son ya memorables, esta fue una experiencia sin precedentes. La lona se levantaba y coqueteando se hacia la distraída sabiéndose observada por el macho que la seguía fijamente con la mirada. Al verla, el macho se le acerco disimuladamente y luego de lo que parecieron unas palabras susurra
das al ayuda, y sin ayuda de tragos de por medio, la hembra se acostó y al estilo perrito, el macho la penetro con fuerza. Un estruendo de gemidos, rugidos, gemidos, rugidos y arañazos (que dicho sea de paso me trajeron gratas memorias de mi pasado en San Francisco), el macho la embestía repetidamente, como rugiendo: “quien es tu león mamita! Dime quien es tu león!... y en menos de 10 segundos la función había ya terminado (y creo que hasta los vi fumándose un cigarrito cuando se desplomaron el uno justo al otro). Mi inicial decepción por haber encontrado al único león que sufrí de eyaculacion precoz en todo África, se convirtió rápidamente en veneración y respeto cuando aprendí que este ritual se repetiría mas de 100 veces por día!!! Por mas de tres días!!! Mis respetos… por algo es el rey de la selva.
Una vez mas comprendí que, incluso en entre los animales salvajes, es la hembra la que controla la situación. Era ella la que que decidía, cuando, como y donde la habría un poco de acción. Aunque estoy seguro que el león pensaba que era aun el rey de la selva… no era mas que un instrumento para ella. Un gran dildo unido a una masa imponente de músculos y testosterona… decepcionante, pero reconozcámonos muchachos, esa es la triste realidad.
Al di siguiente salimos muy temprano nuevamente a explorar la nada. Poco después de medía hora a de trocha encontramos una pareja de leones. La hembra estaba en celo y el macho, como muchos otros machos de mi especie no dejaría pasar la oportunidad de pasar un buen rato. Así que haciendo gala de todo nuestro, no tan secreto, voyerismo nos sentamos c
ómodamente a disfrutar de un poco de porno salvaje. Aunque a mis 32 años alguna pornográfica experiencias son ya memorables, esta fue una experiencia sin precedentes. La lona se levantaba y coqueteando se hacia la distraída sabiéndose observada por el macho que la seguía fijamente con la mirada. Al verla, el macho se le acerco disimuladamente y luego de lo que parecieron unas palabras susurra
das al ayuda, y sin ayuda de tragos de por medio, la hembra se acostó y al estilo perrito, el macho la penetro con fuerza. Un estruendo de gemidos, rugidos, gemidos, rugidos y arañazos (que dicho sea de paso me trajeron gratas memorias de mi pasado en San Francisco), el macho la embestía repetidamente, como rugiendo: “quien es tu león mamita! Dime quien es tu león!... y en menos de 10 segundos la función había ya terminado (y creo que hasta los vi fumándose un cigarrito cuando se desplomaron el uno justo al otro). Mi inicial decepción por haber encontrado al único león que sufrí de eyaculacion precoz en todo África, se convirtió rápidamente en veneración y respeto cuando aprendí que este ritual se repetiría mas de 100 veces por día!!! Por mas de tres días!!! Mis respetos… por algo es el rey de la selva.Una vez mas comprendí que, incluso en entre los animales salvajes, es la hembra la que controla la situación. Era ella la que que decidía, cuando, como y donde la habría un poco de acción. Aunque estoy seguro que el león pensaba que era aun el rey de la selva… no era mas que un instrumento para ella. Un gran dildo unido a una masa imponente de músculos y testosterona… decepcionante, pero reconozcámonos muchachos, esa es la triste realidad.
Tarzan de Jacuzzi
Tau, South Africa 29/08/08
Aunque lo vivido en estas ultimas semanas me sugiere las maravillas de este, mi nuevo hogar, en estos dos ulmos días las he experimentado en su plenitud.
Lugo de una semana intensa en el hospital (que en algunos días les relatare en detalle), y tras un viaje de aproximadamente 45 minutos en una carretera perfectamente asfaltada, y otros 15 minutos por trocha muy bien mantenida junto a Gill, Tim (su muy Britanico esposo), Steve y Pat (su muy Americana esposa), llegamos a Tao, un lodge que combina el lujo de un hotel cinco estrellas con la vida salvaje a la cual tanto ansiaba conocer.

Mi bungalow estaba situado frente a un pequeño reservorio de agua natural que atraía a todo tipo de animales y bestias salvajes. Aunque muy distinto a las aventuras que imaginaba tener en mi primer encuentro con esta tierra aun extraña para mi, tengo que reconocer que fue una experiencia gratamente única ver a un sinnúmero de animales totalmente salvajes (o “game” como se les suele lla
mar por los lugareños) venir a refrescarse y a beber en este pequeño reservorio aun humeante por el calor del mediodía, mientras yo también, totalmente desnudo (cual animal salvaje) me refrescaba en el agua aun humeante de un jacuzzi al aire libre, bebiendo una cerveza bien helada. En medio de la muy confortable analogía de la situación, no pude mas que sentirme un Tazan corrupto por los placeres mundanos de este mundo moderno. El canto de los pájaros y el sonido de los gansos y patos salvajes (que aunque bien se que no son ni ganso, ni patos, se les parecen mucho y en mi ignorancia no encuentro un mejor sustantivo para nombrarlos) revoloteando en el agua. Bandadas de diminutos pájaros que, cual banco de sardinas, nadaban en grupos perfectamente compactos y organizados, oscurecían de cuando en cuando el cielo perfectamente celeste y despejado, y la brisa fresca no hacían mas que completar mi primer recuerdo de el paisaje perfectamente armonioso de esta África “salvaje” de la cual empiezo a enamorarme. 
Al caer la tarde salimos de safari. Nuestro guía (ranger), David, manejaba una impresionante Land Cruiser descapotada en la cual nos adentraríamos a donde ningún otro vehiculo podría. Aunque sabia que lo que estaba por venir seria una experiencia distinta a cualquier otra que haya vivido, el sentido de aventura y peligro se magnifico al ver a David acercarse a la camioneta cargando un par de rifles y municiones que, como nos dijo en un tono grave, eran
para nuestra seguridad. Algunas horas después me decepcionaría saber que estas armas no habían sido disparadas y que el, en sus varios anhos como ranger, nunca se había encontrado en una situación realmente peligrosa. Sea como sea, y armados hasta los dientes, en un vehiculo mas parecido a un tanque que a un auto cualquiera, nor enrumbamos en busca de lo salvaje.

David nos aconsejo estar atentos pues los animales podrían aparecer en cualquier momento y de la nada. Muy alerta, y esperando lo inesperado transcurrieron las tres primeras horas de nuestro recorrido. A pesar de haber tenido mis 7 sentidos puestos en el paisaje que nos rodeaba (o tal vez, justamente por eso), me resultaba cada vez mas frustrante cada vez David subitamente detenía la camioneta y, señalando hacia exactamente el mismo lugar al que yo muy atentamente vigilaba, decía: “miren, allí, a 3 metros de la camioneta hay un grupo de 50,000,000,000,000 zebras”, o “miren allí hay una familia entera de elefantes”. La emoción de ver a esos maravillosos animales a tan solo uno cuantos metros de distancia, interactuando en su hábitat natural, disminuyo la humillación que secretamente sentí al descubrir que, después de todo, no era mas que un Tarzan de jacuzzi.
Luego ve repetidos fallidos intentos por ser el primero en encontrar animales a la distancia, decidí cambiar mi identidad secreta de Tarzan, por la de un (distraído y comodón) reportero del Nacional Geografic y me dedique a disfrutar del paisaje y tomar miles de fotos cada vez que David se detenía a mostrarnos algo interesante.
Varias horas dentro de un terreno árido e inhóspito, y luego de haber fotografiado, todo tipo de gacelas, antílopes, pájaros, flores, jirafas, hipopótamos y demás) nos vimos forzados (muy gustosamente) a detenernos en el medio del camino cuando una familia entera de elefantes (por lo menos 15 o 20) se decidió a cruzar a menos de 15 metros nuestro. Un macho joven y curioso, como queriéndose hacer el malo se acerco incluso mas. Fue realmente impresionante tener a una bestia de varias toneladas mirándote fijamente a menos de 5 metros, haciendo todo tipo de sonidos y gesticulaciones. Aunque ya había tenido experiencias similares anteriormente al reunirme con
algunos amigos del colegio (bestias inmensas, algunos de casi una tonelada, que después de algunos tragos se convierten en seres salvajes y gritan cosas totalmente incompresibles), esta experiencia fue realmente única. Sin embargo la emoción inicial se convirtió rápidamente en un sentimiento de ternura al verlos interactuar, cuidarse unos a otros y protegiendo a los mas pequeños de la manada. Al parecer, la jefa de la manada resondro al joven macho que se nos había acercado ya que después de un fuerte llamado de atención, el macho se retiro si decir una palabra, pero haciendo un poco de berrinche.
Tal vez debido a la emoción de ver a estas majestuosas bestias interactuando a pocos metros de nosotros, o talvez por las cervezas que tome cuando aun era un Tarzan moderno, sentir unas ganas incontrolable por ir al baño. Con el permiso del ranger, (quien con rifle en mano velaría por mi seguridad), me escondí detrás de unos arbustos y, cual macho marcando su territorio, me dispuse a hacer lo mío. Aunque inicialmente no entendí el estruendo y alboroto causado en la manada, rápidamente comprendí lo sucedido. La ovación que recibí de los elefantes hembras al ver mi trompita fue algo sin precedente. El estruendo de sus alaridos retumbo en toda África. Hermanos, puede que no sea Tarzan, o que mi vista no sea tan buena, pero la admiración de los elefantes hembra y la envidia de los machos, no se la gana cualquiera.
Aunque el incidente de los elefantes marcara mi vida para siempre, uno de los eventos mas impresionantes del dia fue el rinoceronte blanco. Una bestia majestuosa, de por lo menos dos toneladas de pura musculatura, que se paseaba con seguridad alrededor de nuestra camioneta sin inmutarse por nuestr
a presencia, como sabiendo que allí, el era el “hombre” de la situación. Con un paso calmado y firme se acerco a nosotros. Casi podía tocarlo. Su coraza gruesa y reseca por el sol y el tiempo, su cuerno protruyendo una cabeza maciza y sólida me recordó a la de algún animal mitológico que deseos de los dioses seguía entre nosotros, comunes mortales. Una bestia realmente imponente. Mientras lo observabamos con asombro aprendi, aunque hubiera sido facil darse cuenta sin advertencia alguna, que su nombre proviene de la pobre traducción de una palabra que en Africans significa ancho (y suena como “wide” o “white”) y se refiere a las características de su miembro viril. Humildemente, y a pesar de la resiente ovación recibida por la manada de elefantes, le rendí mis mayores respetos y reconocí que no soy competencia alguna para el rinoceronte.
Al momento del sunset nos detuvimos en un lugar remoto y desolado y, nuevamente bajo la protección de varios rifles, nos bajamos de la camioneta. No se si lo que sucedería añadió o resto emoción a la experiencia, pero en menos de 5 minutos vi armada, en el medio de “Africa la salvaje” que tanto quiero explorar, una mesita cubierta por un mantel con diseños tradicionales del lugar y cubierto con mas alcohol y comida que la alguien podría consumir en varios días de juerga… y lo mejor de todo, era gratis. Un open bar en el medio de la nada!!! Un oasis en el medio del desierto!!! Así que rodeado de animales salvajes, y muy al estilo de un peruano que quiere aprovechar al máximo de comida y bebida gratis, me dispuse emborracharme.
Puede que haya sido el silencio casi absoluto, solo interrumpido por el canto de algunos lejanos pájaros, o el sentimiento de estar en el medio de la nada, sin absolutamente ninguna evidencia de el mal gusto con el que la civilización interrumpe la belleza del paisaje, o tal vez los colores del horizonte que lentamente cambiaban de vivo anaranjado a un turquesa intenso tras la negra sombra de una colina, o los 25 cócteles que ya corrían por mis venas, pero ese sunset y la penumbra que, poco a poco y sin prisa, abrazándolo todo se lleno de mas estrellas que las que nunca haya visto, fue simplemente mágico.
Ese día me fui a la cama contento, y sin siquiera imaginar que lo que vendría al día siguiente seria incluso más emocionante.
PD: He tomado mas de 200 fotos y estoy editándolas… no se preocupen que ya vienen dentro de poco.
Aunque lo vivido en estas ultimas semanas me sugiere las maravillas de este, mi nuevo hogar, en estos dos ulmos días las he experimentado en su plenitud.
Lugo de una semana intensa en el hospital (que en algunos días les relatare en detalle), y tras un viaje de aproximadamente 45 minutos en una carretera perfectamente asfaltada, y otros 15 minutos por trocha muy bien mantenida junto a Gill, Tim (su muy Britanico esposo), Steve y Pat (su muy Americana esposa), llegamos a Tao, un lodge que combina el lujo de un hotel cinco estrellas con la vida salvaje a la cual tanto ansiaba conocer.

Mi bungalow estaba situado frente a un pequeño reservorio de agua natural que atraía a todo tipo de animales y bestias salvajes. Aunque muy distinto a las aventuras que imaginaba tener en mi primer encuentro con esta tierra aun extraña para mi, tengo que reconocer que fue una experiencia gratamente única ver a un sinnúmero de animales totalmente salvajes (o “game” como se les suele lla
mar por los lugareños) venir a refrescarse y a beber en este pequeño reservorio aun humeante por el calor del mediodía, mientras yo también, totalmente desnudo (cual animal salvaje) me refrescaba en el agua aun humeante de un jacuzzi al aire libre, bebiendo una cerveza bien helada. En medio de la muy confortable analogía de la situación, no pude mas que sentirme un Tazan corrupto por los placeres mundanos de este mundo moderno. El canto de los pájaros y el sonido de los gansos y patos salvajes (que aunque bien se que no son ni ganso, ni patos, se les parecen mucho y en mi ignorancia no encuentro un mejor sustantivo para nombrarlos) revoloteando en el agua. Bandadas de diminutos pájaros que, cual banco de sardinas, nadaban en grupos perfectamente compactos y organizados, oscurecían de cuando en cuando el cielo perfectamente celeste y despejado, y la brisa fresca no hacían mas que completar mi primer recuerdo de el paisaje perfectamente armonioso de esta África “salvaje” de la cual empiezo a enamorarme. 
Al caer la tarde salimos de safari. Nuestro guía (ranger), David, manejaba una impresionante Land Cruiser descapotada en la cual nos adentraríamos a donde ningún otro vehiculo podría. Aunque sabia que lo que estaba por venir seria una experiencia distinta a cualquier otra que haya vivido, el sentido de aventura y peligro se magnifico al ver a David acercarse a la camioneta cargando un par de rifles y municiones que, como nos dijo en un tono grave, eran
para nuestra seguridad. Algunas horas después me decepcionaría saber que estas armas no habían sido disparadas y que el, en sus varios anhos como ranger, nunca se había encontrado en una situación realmente peligrosa. Sea como sea, y armados hasta los dientes, en un vehiculo mas parecido a un tanque que a un auto cualquiera, nor enrumbamos en busca de lo salvaje.
David nos aconsejo estar atentos pues los animales podrían aparecer en cualquier momento y de la nada. Muy alerta, y esperando lo inesperado transcurrieron las tres primeras horas de nuestro recorrido. A pesar de haber tenido mis 7 sentidos puestos en el paisaje que nos rodeaba (o tal vez, justamente por eso), me resultaba cada vez mas frustrante cada vez David subitamente detenía la camioneta y, señalando hacia exactamente el mismo lugar al que yo muy atentamente vigilaba, decía: “miren, allí, a 3 metros de la camioneta hay un grupo de 50,000,000,000,000 zebras”, o “miren allí hay una familia entera de elefantes”. La emoción de ver a esos maravillosos animales a tan solo uno cuantos metros de distancia, interactuando en su hábitat natural, disminuyo la humillación que secretamente sentí al descubrir que, después de todo, no era mas que un Tarzan de jacuzzi.
Luego ve repetidos fallidos intentos por ser el primero en encontrar animales a la distancia, decidí cambiar mi identidad secreta de Tarzan, por la de un (distraído y comodón) reportero del Nacional Geografic y me dedique a disfrutar del paisaje y tomar miles de fotos cada vez que David se detenía a mostrarnos algo interesante.
Varias horas dentro de un terreno árido e inhóspito, y luego de haber fotografiado, todo tipo de gacelas, antílopes, pájaros, flores, jirafas, hipopótamos y demás) nos vimos forzados (muy gustosamente) a detenernos en el medio del camino cuando una familia entera de elefantes (por lo menos 15 o 20) se decidió a cruzar a menos de 15 metros nuestro. Un macho joven y curioso, como queriéndose hacer el malo se acerco incluso mas. Fue realmente impresionante tener a una bestia de varias toneladas mirándote fijamente a menos de 5 metros, haciendo todo tipo de sonidos y gesticulaciones. Aunque ya había tenido experiencias similares anteriormente al reunirme con
algunos amigos del colegio (bestias inmensas, algunos de casi una tonelada, que después de algunos tragos se convierten en seres salvajes y gritan cosas totalmente incompresibles), esta experiencia fue realmente única. Sin embargo la emoción inicial se convirtió rápidamente en un sentimiento de ternura al verlos interactuar, cuidarse unos a otros y protegiendo a los mas pequeños de la manada. Al parecer, la jefa de la manada resondro al joven macho que se nos había acercado ya que después de un fuerte llamado de atención, el macho se retiro si decir una palabra, pero haciendo un poco de berrinche.Tal vez debido a la emoción de ver a estas majestuosas bestias interactuando a pocos metros de nosotros, o talvez por las cervezas que tome cuando aun era un Tarzan moderno, sentir unas ganas incontrolable por ir al baño. Con el permiso del ranger, (quien con rifle en mano velaría por mi seguridad), me escondí detrás de unos arbustos y, cual macho marcando su territorio, me dispuse a hacer lo mío. Aunque inicialmente no entendí el estruendo y alboroto causado en la manada, rápidamente comprendí lo sucedido. La ovación que recibí de los elefantes hembras al ver mi trompita fue algo sin precedente. El estruendo de sus alaridos retumbo en toda África. Hermanos, puede que no sea Tarzan, o que mi vista no sea tan buena, pero la admiración de los elefantes hembra y la envidia de los machos, no se la gana cualquiera.
Aunque el incidente de los elefantes marcara mi vida para siempre, uno de los eventos mas impresionantes del dia fue el rinoceronte blanco. Una bestia majestuosa, de por lo menos dos toneladas de pura musculatura, que se paseaba con seguridad alrededor de nuestra camioneta sin inmutarse por nuestr
a presencia, como sabiendo que allí, el era el “hombre” de la situación. Con un paso calmado y firme se acerco a nosotros. Casi podía tocarlo. Su coraza gruesa y reseca por el sol y el tiempo, su cuerno protruyendo una cabeza maciza y sólida me recordó a la de algún animal mitológico que deseos de los dioses seguía entre nosotros, comunes mortales. Una bestia realmente imponente. Mientras lo observabamos con asombro aprendi, aunque hubiera sido facil darse cuenta sin advertencia alguna, que su nombre proviene de la pobre traducción de una palabra que en Africans significa ancho (y suena como “wide” o “white”) y se refiere a las características de su miembro viril. Humildemente, y a pesar de la resiente ovación recibida por la manada de elefantes, le rendí mis mayores respetos y reconocí que no soy competencia alguna para el rinoceronte.Al momento del sunset nos detuvimos en un lugar remoto y desolado y, nuevamente bajo la protección de varios rifles, nos bajamos de la camioneta. No se si lo que sucedería añadió o resto emoción a la experiencia, pero en menos de 5 minutos vi armada, en el medio de “Africa la salvaje” que tanto quiero explorar, una mesita cubierta por un mantel con diseños tradicionales del lugar y cubierto con mas alcohol y comida que la alguien podría consumir en varios días de juerga… y lo mejor de todo, era gratis. Un open bar en el medio de la nada!!! Un oasis en el medio del desierto!!! Así que rodeado de animales salvajes, y muy al estilo de un peruano que quiere aprovechar al máximo de comida y bebida gratis, me dispuse emborracharme.
Puede que haya sido el silencio casi absoluto, solo interrumpido por el canto de algunos lejanos pájaros, o el sentimiento de estar en el medio de la nada, sin absolutamente ninguna evidencia de el mal gusto con el que la civilización interrumpe la belleza del paisaje, o tal vez los colores del horizonte que lentamente cambiaban de vivo anaranjado a un turquesa intenso tras la negra sombra de una colina, o los 25 cócteles que ya corrían por mis venas, pero ese sunset y la penumbra que, poco a poco y sin prisa, abrazándolo todo se lleno de mas estrellas que las que nunca haya visto, fue simplemente mágico.
Ese día me fui a la cama contento, y sin siquiera imaginar que lo que vendría al día siguiente seria incluso más emocionante.
PD: He tomado mas de 200 fotos y estoy editándolas… no se preocupen que ya vienen dentro de poco.
domingo, 24 de agosto de 2008
I will stick with my Spanglish
After an innumerable number of, well justified, complaints I decided to write few lines in English. As a disclaimer, I will remember the readers that English is not my native language and, therefore, any hard feelings and/or offense taken after reading these lines must be attributed to my very limited skills managing this language.
Since I started talking about the language, I will first confess, hoping that my American friends excuse such offense, that I recently discovered myself trying to learn the proper (pronounced propa’, because that is the only right pronunciation according to my British hosts) English. As I have mentioned on several occasions, the welcome that I have received from, highly selected, members of the British colony has been overwhelmingly nice. However, after interacting with them you may imagine my disappointment when I realized that, after all the struggle I went through to learn English from scratch while trying to stay (barely) alive at Hopkins’ ED, I had it all wrong. It was also surprising to learn that after all these years of hearing repeated comments about how funny (or as I prefer to call it, “sexy”) my accent was in the US, here it is just American (no offense). What it used to be exotic in the US, here is “American”. Although many of my American friends may think that it is a step-up, I found it a little disappointing.
The process ofrelearning the language has been, to say the least, entertaining. Nevertheless, it must have been even more amusing for my wonderful British hosts to hear these odd-sounding Americanisms tinted with my own peculiar brand of Peruvian Spanglish.
Everything started when, in preparation for an early morning activity, one of my British friends very kindly offered to “knock me up” in the morning. Hey buddy! That is a little too straight forward, isn't it? and, besides… I am a guy! That is when I learned that he was just offering to wake me up in the morning. Although many of my San Franciscan’s friends would have been disappointed, I confess that it was comforting. Anyway, that morning I took some “trousers”, a “jumper” and my “trainers” out from the “wardrobe” (because all my pants, sweaters and snickers were in my US closet) and left to start “mucking around” the city.
Being in Africa, you could also image my excitement when we stopped by a busy intersection and my friend said… Hey mate! There is a zebra crossing! -- I thought, fuck! This is great, we have free zebras in the streets of Gaborone and one is crossing! I felt like in the middle of a safari! This was truly an adventure! Of course, after the excitement, followed the disappointment… no zebras, nothing exotic, just a simple crosswalk (fuck!). Anyway, the robot turned red and my “mate” (and, believe, we are NOT mating… although that would be a matter of confusion at some point) said, “Off you go mate, past that skip there is a caff where we can get good chips and rasher and then will come round”….
WHAT!!! What the hell are you talking about!!! This is enough!!! My brain is hurting already… I am not hungry anymore, I don’t want to muck around, I just want to go home… please, lets just pick up your car and give me a lift. Of course, after few smiles I quickly learn the different meaning that “giving somebody a lift” could have.
Since I started talking about the language, I will first confess, hoping that my American friends excuse such offense, that I recently discovered myself trying to learn the proper (pronounced propa’, because that is the only right pronunciation according to my British hosts) English. As I have mentioned on several occasions, the welcome that I have received from, highly selected, members of the British colony has been overwhelmingly nice. However, after interacting with them you may imagine my disappointment when I realized that, after all the struggle I went through to learn English from scratch while trying to stay (barely) alive at Hopkins’ ED, I had it all wrong. It was also surprising to learn that after all these years of hearing repeated comments about how funny (or as I prefer to call it, “sexy”) my accent was in the US, here it is just American (no offense). What it used to be exotic in the US, here is “American”. Although many of my American friends may think that it is a step-up, I found it a little disappointing.
The process ofrelearning the language has been, to say the least, entertaining. Nevertheless, it must have been even more amusing for my wonderful British hosts to hear these odd-sounding Americanisms tinted with my own peculiar brand of Peruvian Spanglish.
Everything started when, in preparation for an early morning activity, one of my British friends very kindly offered to “knock me up” in the morning. Hey buddy! That is a little too straight forward, isn't it? and, besides… I am a guy! That is when I learned that he was just offering to wake me up in the morning. Although many of my San Franciscan’s friends would have been disappointed, I confess that it was comforting. Anyway, that morning I took some “trousers”, a “jumper” and my “trainers” out from the “wardrobe” (because all my pants, sweaters and snickers were in my US closet) and left to start “mucking around” the city.
Being in Africa, you could also image my excitement when we stopped by a busy intersection and my friend said… Hey mate! There is a zebra crossing! -- I thought, fuck! This is great, we have free zebras in the streets of Gaborone and one is crossing! I felt like in the middle of a safari! This was truly an adventure! Of course, after the excitement, followed the disappointment… no zebras, nothing exotic, just a simple crosswalk (fuck!). Anyway, the robot turned red and my “mate” (and, believe, we are NOT mating… although that would be a matter of confusion at some point) said, “Off you go mate, past that skip there is a caff where we can get good chips and rasher and then will come round”….
WHAT!!! What the hell are you talking about!!! This is enough!!! My brain is hurting already… I am not hungry anymore, I don’t want to muck around, I just want to go home… please, lets just pick up your car and give me a lift. Of course, after few smiles I quickly learn the different meaning that “giving somebody a lift” could have.
domingo, 10 de agosto de 2008
Princess Marina

Princess Marina fue inicialmente creado como un hospital de referencia para los distritos localizados al sur de Gaborone. Sin embargo, debido a la gran falta de médicos y especialistas en el resto del país, Princess Marina se ha convertido rápidamente en el mayor (y único?) hospital de referencia en Botswana. Aunque el hospital fue diseñado para tener 510 camas, la gran demanda por atención médica en un país en el que el 40% de la población se encuentra infectada con HIV ha forzado a “inventar” espacios en los que se puedan admitir pacientes. Muchos baños, cocinas y closets son ahora improvisados cuartos de pacientes. Aunque mas el 80% de los pacientes son admitidos con complicaciones del HIV, hasta mi llegada, no había ningún especialista en enfermedades infecciosas. Como se imaginaran, faltan medicinas, gasas, personal, pero lo que siempre sobra es trabajo por hacer. Sin embargo, la parte médica es relativamente sencilla cuando se le compara con el esfuerzo que uno tiene que poner para navegar el sistema.
Mi primera semana ha sido agotadora… muy gratificante, pero frustrante a la vez. Por suerte, esta no ha sido la primera vez que me enfrento a una situación como esta. Es mas, esta semana me recordó muchísimo las frustraciones que sentí durante la primera semana de mi externado en el Hospital Loayza, o mi primera semana en la emergencia de Hopkins… donde el mayor problema no era el saber que se debe hacer médicamente sino como lograr hacerlo.
Sin embargo, y a pesar de todos los problemas y exceso de trabajo, el empeño y dedicación del staff de médicos y enfermeras es (en la mayoría de los casos, con notorias excepciones) admirable. Ha sido una gran experiencia trabajar y aprender de ellos. Aunque he renegado muchísimo y se que renegare aun mas, después de estos pocos días, tengo la certeza de haber caído en el lugar correcto para mi.
Mañana empieza una nueva semana… y se que la voy a pasar muy bien.
Mi primera semana ha sido agotadora… muy gratificante, pero frustrante a la vez. Por suerte, esta no ha sido la primera vez que me enfrento a una situación como esta. Es mas, esta semana me recordó muchísimo las frustraciones que sentí durante la primera semana de mi externado en el Hospital Loayza, o mi primera semana en la emergencia de Hopkins… donde el mayor problema no era el saber que se debe hacer médicamente sino como lograr hacerlo.
Sin embargo, y a pesar de todos los problemas y exceso de trabajo, el empeño y dedicación del staff de médicos y enfermeras es (en la mayoría de los casos, con notorias excepciones) admirable. Ha sido una gran experiencia trabajar y aprender de ellos. Aunque he renegado muchísimo y se que renegare aun mas, después de estos pocos días, tengo la certeza de haber caído en el lugar correcto para mi.
Mañana empieza una nueva semana… y se que la voy a pasar muy bien.
sábado, 9 de agosto de 2008
Mundanos detalles
Al final de mi primera semana, pequeñas mundanas diferencias en la rutina no dejan de sorprenderme… y exasperarme. Con gran
disgusto he descubierto la gran cantidad de enchufes, de formas caprichosas y mutuamente excluyentes, que existen en esta parte del mundo. Algunos venidos de Sudáfrica, otros de Australia, y algunos producto de la borrachera de algún excéntrico ingeniero eléctrico. Luego de siete días de idas y venidas a la ferretería he acumulado una cantidad tan increíble de transformadores,
adaptadores y adaptadores para los adaptadores que se me hace difícil moverme de una habitación a otra sin enredarme en un sinfín de, innecesarios, cables eléctricos. Sin embargo, tengo que agradecer a la gran calidad de la industria China, que al parecer es la única que produce estos adaptadores, por haberme facilitado el único ejercicio que he practicado en la semana. Ya que la vida media de cada uno de estos adaptadores es aproximadamente 2 minutos, me he visto en la obligación de triplicar el número de caminatas a la ferretería.

Al pedir direcciones durante uno de mis, ya habituales, extravíos por la ciudad descubrí que, como queriendo forzar el avance tecnológico, los semáforos son llamados “robots”. Ya se imaginaran mi cara de sorpresa cuando en el medio de un desierto, con burritos y todo, me indicaron que el sitio que buscaba se encontraba a una cuadra, entre dos “robots”.
Siempre he pensado que para aculturarse, uno debe familiarizarse con la comida típica del lugar. Desafortunadamente, durante la semana la única comida que estuvo a mi alcance fue la de la cafetería del hospital. Como era de esperarse, y a pesar de tener nombres muy distintos y exóticos, los platos se veían y sabían a comida de hospital. Básicamente, una masa grasosa y amorfa de algún tipo de estofado, acompañado de arroz o algún otro grano local. Es por eso que hace un rato, buscando compenetrarme la cultura de este país que tan bien me ha recibido, salí en búsqueda
de comida típica. Preguntando, llegue a un restaurante de comida típica y, sin preguntar mayores detalles, pedí un plato típico. Es difícil describir mi reacción cuando a los pocos minutos el mozo regreso con un plato de gusanos en salsa de tomate… como si fuera la versión Africana de pasta Pomodoro. Ya no había marcha atrás, y con un par de cervezas me los comi todos. Tengo que aceptar que, aunque no se han convertido en mi plato favorito, no estuvieron tan mal. Bueno, ahora, con gusanitos en el estomago (literalmente) me despido hasta mañana.
disgusto he descubierto la gran cantidad de enchufes, de formas caprichosas y mutuamente excluyentes, que existen en esta parte del mundo. Algunos venidos de Sudáfrica, otros de Australia, y algunos producto de la borrachera de algún excéntrico ingeniero eléctrico. Luego de siete días de idas y venidas a la ferretería he acumulado una cantidad tan increíble de transformadores,
adaptadores y adaptadores para los adaptadores que se me hace difícil moverme de una habitación a otra sin enredarme en un sinfín de, innecesarios, cables eléctricos. Sin embargo, tengo que agradecer a la gran calidad de la industria China, que al parecer es la única que produce estos adaptadores, por haberme facilitado el único ejercicio que he practicado en la semana. Ya que la vida media de cada uno de estos adaptadores es aproximadamente 2 minutos, me he visto en la obligación de triplicar el número de caminatas a la ferretería.
Al pedir direcciones durante uno de mis, ya habituales, extravíos por la ciudad descubrí que, como queriendo forzar el avance tecnológico, los semáforos son llamados “robots”. Ya se imaginaran mi cara de sorpresa cuando en el medio de un desierto, con burritos y todo, me indicaron que el sitio que buscaba se encontraba a una cuadra, entre dos “robots”.
Siempre he pensado que para aculturarse, uno debe familiarizarse con la comida típica del lugar. Desafortunadamente, durante la semana la única comida que estuvo a mi alcance fue la de la cafetería del hospital. Como era de esperarse, y a pesar de tener nombres muy distintos y exóticos, los platos se veían y sabían a comida de hospital. Básicamente, una masa grasosa y amorfa de algún tipo de estofado, acompañado de arroz o algún otro grano local. Es por eso que hace un rato, buscando compenetrarme la cultura de este país que tan bien me ha recibido, salí en búsqueda
de comida típica. Preguntando, llegue a un restaurante de comida típica y, sin preguntar mayores detalles, pedí un plato típico. Es difícil describir mi reacción cuando a los pocos minutos el mozo regreso con un plato de gusanos en salsa de tomate… como si fuera la versión Africana de pasta Pomodoro. Ya no había marcha atrás, y con un par de cervezas me los comi todos. Tengo que aceptar que, aunque no se han convertido en mi plato favorito, no estuvieron tan mal. Bueno, ahora, con gusanitos en el estomago (literalmente) me despido hasta mañana.
domingo, 3 de agosto de 2008
Explorando Gabs
Hoy, al levantarme, casi me da un ataque de pánico… me di cuenta que no tenia café. Desesperado cogí mi bicicleta (que Gill, muy amablemente, me ha prestado hasta que llegue la mía) y salí en búsqueda de ese maravilloso e indispensable elixir. Luego de visitar varias tiendas y “supermercados” descubrí, con gran pesar, que el único café que encontrare en Botswana es el, casi insufrible, café instantáneo.
Sin embargo, ese no ha sido el único inconveniente descubrimiento que he tenido en estos días. Armado de un pequeño mapa y un gran sentimiento aventurero, ayer salí a explorar la ciudad. Siguiendo las recomendaciones de varias personas, decidí ir a uno de los malls mas populares de la ciudad, Riverwalk. Aunque la distancia parecía bastante pequeña en el mapa, luego de hora y media de caminata, me di cuenta que los grandes espacios típicos de África que tanto agradecí en mi departamento, también tienen su lado negativo. Con gran resignación me di cuenta que la vida de ciudad, con pequeños cafés, bares y barrios de personalidades distintas que tanto disfrute en San Francisco (y Barranco), ya es cosa del pasado.
Decidí entonces probar el transporte publico.
Muy a la peruana, pare una combi en el medio de la pista y me enrumbe hacia Riverwalk… o por lo menos eso pensé. Primero, descubrí muy sorprendido que nuestras combis están mejor diseñadas para el transporte masivo. En Gaborone, las combis no han sacado los asientos de la línea del medio que en Lima permiten llegar hacia los asientos de el fondo y que a su vez sirven para comprimir como sardinas a por lo menos diez pasajeros mas. Ya que el único asiento disponible estaba en la parte de atrás, tuve que esperar a que la mitad de los pasajeros se bajaran para yo poder subir. Este ritual se repetiría unas 300 veces en el transcurso de mi viaje.
Cuando el cobrador (porque también tienen cobradores “a la peruana”) me aviso que ya estaba cerca, me baje y empecé a caminar hacia donde me habían indicado. Sin embargo, algunas cuadras después me descubrí en el medio de la nada y totalmente perdido. Decidí entonces pedir direcciones a gente que, de muy buena gana, se detenían a ayudarme. Luego de preguntarles si conocían la avenida que estaba buscando y enseñarles el mapa, ellos ponían cara pensativa y algunos segundos después me respondían que nunca habían escuchado de ella. Después de repetir este ritual unas 25 veces (sin exagerar) y caminar unas cuantas cuadras mas, descubrí que la avenida que buscaba (que además es una de las mas importantes de Gaborone) era la misma avenida en la que estaba caminando y en la que había preguntado por direcciones por mas de 45 minutos y a mas de 25 personas distintas. Con frustración aprendí que los nombres de las calles y los mapas son absolutamente inútiles en Botswana. Aquí, en lo que pienso es un rezago de tiempos nomadicos, la gente se guía por instinto y “land-marks”.
Una vez en Riverwalk, me encontré con un mall moderno y de estilo occidental. Aproveche para abrir una cuenta de bancos, comprar un celular y comer algo. Con la certeza de que nuevamente me perdería en el camino de vuelta, decidí regresar antes de que anocheciera. Por suerte, el camino de regreso fue menos acontecido y llegue sano y salvo, luego de un viaje de vuelta de 2 horas (que debió haber tomado 30 minutos).
Sin embargo, ese no ha sido el único inconveniente descubrimiento que he tenido en estos días. Armado de un pequeño mapa y un gran sentimiento aventurero, ayer salí a explorar la ciudad. Siguiendo las recomendaciones de varias personas, decidí ir a uno de los malls mas populares de la ciudad, Riverwalk. Aunque la distancia parecía bastante pequeña en el mapa, luego de hora y media de caminata, me di cuenta que los grandes espacios típicos de África que tanto agradecí en mi departamento, también tienen su lado negativo. Con gran resignación me di cuenta que la vida de ciudad, con pequeños cafés, bares y barrios de personalidades distintas que tanto disfrute en San Francisco (y Barranco), ya es cosa del pasado.
Decidí entonces probar el transporte publico.
Muy a la peruana, pare una combi en el medio de la pista y me enrumbe hacia Riverwalk… o por lo menos eso pensé. Primero, descubrí muy sorprendido que nuestras combis están mejor diseñadas para el transporte masivo. En Gaborone, las combis no han sacado los asientos de la línea del medio que en Lima permiten llegar hacia los asientos de el fondo y que a su vez sirven para comprimir como sardinas a por lo menos diez pasajeros mas. Ya que el único asiento disponible estaba en la parte de atrás, tuve que esperar a que la mitad de los pasajeros se bajaran para yo poder subir. Este ritual se repetiría unas 300 veces en el transcurso de mi viaje.
Cuando el cobrador (porque también tienen cobradores “a la peruana”) me aviso que ya estaba cerca, me baje y empecé a caminar hacia donde me habían indicado. Sin embargo, algunas cuadras después me descubrí en el medio de la nada y totalmente perdido. Decidí entonces pedir direcciones a gente que, de muy buena gana, se detenían a ayudarme. Luego de preguntarles si conocían la avenida que estaba buscando y enseñarles el mapa, ellos ponían cara pensativa y algunos segundos después me respondían que nunca habían escuchado de ella. Después de repetir este ritual unas 25 veces (sin exagerar) y caminar unas cuantas cuadras mas, descubrí que la avenida que buscaba (que además es una de las mas importantes de Gaborone) era la misma avenida en la que estaba caminando y en la que había preguntado por direcciones por mas de 45 minutos y a mas de 25 personas distintas. Con frustración aprendí que los nombres de las calles y los mapas son absolutamente inútiles en Botswana. Aquí, en lo que pienso es un rezago de tiempos nomadicos, la gente se guía por instinto y “land-marks”.
Una vez en Riverwalk, me encontré con un mall moderno y de estilo occidental. Aproveche para abrir una cuenta de bancos, comprar un celular y comer algo. Con la certeza de que nuevamente me perdería en el camino de vuelta, decidí regresar antes de que anocheciera. Por suerte, el camino de regreso fue menos acontecido y llegue sano y salvo, luego de un viaje de vuelta de 2 horas (que debió haber tomado 30 minutos).
Piura a miles de kilometros de Piura
Dumela!
Se que en unos años recordare estos primeros días en Botswana como el inicio de un periodo que cambio mi vida. La sensación de haber llegado “a casa” que sentí al bajar del avión luego de un agotador viaje de mas de 20 horas, fue extraña y emocionante. Creo que las tremendas similitudes con Piura me han permitido experimentar ese sentimiento de comodidad que uno siente en lo habitual, en un país y continente en el que nunca pensé vivir. La escalerita (igual a las de Aeroperu de los 80’s), y la caminata hasta el Terminal fueron una replica de las que recuerdo cuando llegaba a Piura para el inicio de mis vacaciones de verano. Por supuesto, una de mis maletas se perdió en el camino (cosa que tampoco se rehizo nada extraña).
Luego de pasar por inmigraciones y aduanas (que fueron un saludo a la bandera), Gill (Jones) me recibió en el aeropuerto. La cantidad de burros, cabritos y árboles parecidos a algarrobos que vi camino a mi nuevo departamento, fue incluso graciosa. Me mude miles de kilómetros lejos de Perú para encontrarme nuevamente entre burros y algarrobos. Así es la vida. Sin embargo, las calles nuevas y perfectamente asfaltadas, los carros con “timón cambiado” y la exasperante costumbre de manejar en el lado equivocado de la calle (que casi me ha costado la vida en más de una oportunidad) son un recuerdo constante de que Gaborone no es Lima o Piura. Me pareció entretenido el disgusto de Gill cuando nos vimos “atrapados” en el “rush-hour”. La verdad es que avanzábamos como si estuviéramos en la Benavides con un tráfico bastante ligero. También descubrí que, igual que el SIDA, las “combis” son una plaga que destruye sociedades en todo el mundo (aunque estas sean bastante mas civilizadas que nuestras”combis asesinas”).
Aunque muchas cosas pueden faltar en África, espacio es algo que sobra. Mi nuevo departamento, de tres cuartos y 2 baños (que eventualmente tendré que compartir con alguien) aun me resulta grande. Luego de tres años en San Francisco, me resulta extraño tener que caminar más de un par de pasos para ir a la cocina o al baño. Tan solo mi cuarto es del tamaño del estudio en el que viví con Nicole en San Francisco. Los grandes jardines y espacios verdes que rodean el departamento, el aire seco y limpio, el cielo despejado y la resolana constante, muy similar a los de Chosica, contrastan muy gratamente con el clima y tugurio Limeño al que nunca me acostumbre durante este último mes.
En el departamento conocí a la chica que hace la limpieza y lava nuestra ropa que, debido a que su nombre es absolutamente impronunciable, pide que la llamemos “Comfort”. Tengo que reconocer que es fácil re-acostumbrarse a descubrir que las camas pueden tenderse solas, los platos y ropa lavarse y los pisos y baños relucir de limpios si uno tan solo sale de la casa por la mañana (y, por supuesto, tienes a Comfort cerca).
Al día siguiente, Kahnong (el chofer de UPenn) pasó a recogerme e inicie mis trámites. Me pareció absolutamente increíble que al cabo de tres o cuatro horas, ya hubiera revalidado mi licencia médica, terminado con todos los tramites requeridos para poder trabajar en el hospital (“Princess Marina”) y en Botswana en general. Aunque es cierto que el trabajo intenso, veloz y eficiente no caracteriza a los Botsuanos (o Motswana, que es el gentilicio correcto en el idioma nativo, Setswana), los procesos burocráticos estaban tan bien establecidos que los trámites fluyeron sin complicaciones. Sin embargo, fue incluso más sorprendente que todo esto lo lograse sin colas y con grandes sonrisas de parte de muy amables burócratas… y esta si parece ser una característica típica de Motswana. Hasta el momento, sonrisas y amabilidad han sido la regla a dondequiera que vaya.
Se que en unos años recordare estos primeros días en Botswana como el inicio de un periodo que cambio mi vida. La sensación de haber llegado “a casa” que sentí al bajar del avión luego de un agotador viaje de mas de 20 horas, fue extraña y emocionante. Creo que las tremendas similitudes con Piura me han permitido experimentar ese sentimiento de comodidad que uno siente en lo habitual, en un país y continente en el que nunca pensé vivir. La escalerita (igual a las de Aeroperu de los 80’s), y la caminata hasta el Terminal fueron una replica de las que recuerdo cuando llegaba a Piura para el inicio de mis vacaciones de verano. Por supuesto, una de mis maletas se perdió en el camino (cosa que tampoco se rehizo nada extraña).
Aunque muchas cosas pueden faltar en África, espacio es algo que sobra. Mi nuevo departamento, de tres cuartos y 2 baños (que eventualmente tendré que compartir con alguien) aun me resulta grande. Luego de tres años en San Francisco, me resulta extraño tener que caminar más de un par de pasos para ir a la cocina o al baño. Tan solo mi cuarto es del tamaño del estudio en el que viví con Nicole en San Francisco. Los grandes jardines y espacios verdes que rodean el departamento, el aire seco y limpio, el cielo despejado y la resolana constante, muy similar a los de Chosica, contrastan muy gratamente con el clima y tugurio Limeño al que nunca me acostumbre durante este último mes.
En el departamento conocí a la chica que hace la limpieza y lava nuestra ropa que, debido a que su nombre es absolutamente impronunciable, pide que la llamemos “Comfort”. Tengo que reconocer que es fácil re-acostumbrarse a descubrir que las camas pueden tenderse solas, los platos y ropa lavarse y los pisos y baños relucir de limpios si uno tan solo sale de la casa por la mañana (y, por supuesto, tienes a Comfort cerca).
Al día siguiente, Kahnong (el chofer de UPenn) pasó a recogerme e inicie mis trámites. Me pareció absolutamente increíble que al cabo de tres o cuatro horas, ya hubiera revalidado mi licencia médica, terminado con todos los tramites requeridos para poder trabajar en el hospital (“Princess Marina”) y en Botswana en general. Aunque es cierto que el trabajo intenso, veloz y eficiente no caracteriza a los Botsuanos (o Motswana, que es el gentilicio correcto en el idioma nativo, Setswana), los procesos burocráticos estaban tan bien establecidos que los trámites fluyeron sin complicaciones. Sin embargo, fue incluso más sorprendente que todo esto lo lograse sin colas y con grandes sonrisas de parte de muy amables burócratas… y esta si parece ser una característica típica de Motswana. Hasta el momento, sonrisas y amabilidad han sido la regla a dondequiera que vaya.
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