Otro Cielo

"la stranezza di un cielo che non e il two" - Cesare Pavese

No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre te faltaría un pájaro en silencio.

No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras por fin cómo es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón.

No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo.

Eso porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.

Mario Benedetti

sábado, 9 de agosto de 2008

Mundanos detalles

Al final de mi primera semana, pequeñas mundanas diferencias en la rutina no dejan de sorprenderme… y exasperarme. Con gran disgusto he descubierto la gran cantidad de enchufes, de formas caprichosas y mutuamente excluyentes, que existen en esta parte del mundo. Algunos venidos de Sudáfrica, otros de Australia, y algunos producto de la borrachera de algún excéntrico ingeniero eléctrico. Luego de siete días de idas y venidas a la ferretería he acumulado una cantidad tan increíble de transformadores, adaptadores y adaptadores para los adaptadores que se me hace difícil moverme de una habitación a otra sin enredarme en un sinfín de, innecesarios, cables eléctricos. Sin embargo, tengo que agradecer a la gran calidad de la industria China, que al parecer es la única que produce estos adaptadores, por haberme facilitado el único ejercicio que he practicado en la semana. Ya que la vida media de cada uno de estos adaptadores es aproximadamente 2 minutos, me he visto en la obligación de triplicar el número de caminatas a la ferretería.



Al pedir direcciones durante uno de mis, ya habituales, extravíos por la ciudad descubrí que, como queriendo forzar el avance tecnológico, los semáforos son llamados “robots”. Ya se imaginaran mi cara de sorpresa cuando en el medio de un desierto, con burritos y todo, me indicaron que el sitio que buscaba se encontraba a una cuadra, entre dos “robots”.

Siempre he pensado que para aculturarse, uno debe familiarizarse con la comida típica del lugar. Desafortunadamente, durante la semana la única comida que estuvo a mi alcance fue la de la cafetería del hospital. Como era de esperarse, y a pesar de tener nombres muy distintos y exóticos, los platos se veían y sabían a comida de hospital. Básicamente, una masa grasosa y amorfa de algún tipo de estofado, acompañado de arroz o algún otro grano local. Es por eso que hace un rato, buscando compenetrarme la cultura de este país que tan bien me ha recibido, salí en búsqueda de comida típica. Preguntando, llegue a un restaurante de comida típica y, sin preguntar mayores detalles, pedí un plato típico. Es difícil describir mi reacción cuando a los pocos minutos el mozo regreso con un plato de gusanos en salsa de tomate… como si fuera la versión Africana de pasta Pomodoro. Ya no había marcha atrás, y con un par de cervezas me los comi todos. Tengo que aceptar que, aunque no se han convertido en mi plato favorito, no estuvieron tan mal. Bueno, ahora, con gusanitos en el estomago (literalmente) me despido hasta mañana.

1 comentario:

Niks dijo...

If Nicola is telling you this is all he is eating in Botswana I assure you he is lying!!

Gill