Hoy, al levantarme, casi me da un ataque de pánico… me di cuenta que no tenia café. Desesperado cogí mi bicicleta (que Gill, muy amablemente, me ha prestado hasta que llegue la mía) y salí en búsqueda de ese maravilloso e indispensable elixir. Luego de visitar varias tiendas y “supermercados” descubrí, con gran pesar, que el único café que encontrare en Botswana es el, casi insufrible, café instantáneo.
Sin embargo, ese no ha sido el único inconveniente descubrimiento que he tenido en estos días. Armado de un pequeño mapa y un gran sentimiento aventurero, ayer salí a explorar la ciudad. Siguiendo las recomendaciones de varias personas, decidí ir a uno de los malls mas populares de la ciudad, Riverwalk. Aunque la distancia parecía bastante pequeña en el mapa, luego de hora y media de caminata, me di cuenta que los grandes espacios típicos de África que tanto agradecí en mi departamento, también tienen su lado negativo. Con gran resignación me di cuenta que la vida de ciudad, con pequeños cafés, bares y barrios de personalidades distintas que tanto disfrute en San Francisco (y Barranco), ya es cosa del pasado.
Decidí entonces probar el transporte publico.
Muy a la peruana, pare una combi en el medio de la pista y me enrumbe hacia Riverwalk… o por lo menos eso pensé. Primero, descubrí muy sorprendido que nuestras combis están mejor diseñadas para el transporte masivo. En Gaborone, las combis no han sacado los asientos de la línea del medio que en Lima permiten llegar hacia los asientos de el fondo y que a su vez sirven para comprimir como sardinas a por lo menos diez pasajeros mas. Ya que el único asiento disponible estaba en la parte de atrás, tuve que esperar a que la mitad de los pasajeros se bajaran para yo poder subir. Este ritual se repetiría unas 300 veces en el transcurso de mi viaje.
Cuando el cobrador (porque también tienen cobradores “a la peruana”) me aviso que ya estaba cerca, me baje y empecé a caminar hacia donde me habían indicado. Sin embargo, algunas cuadras después me descubrí en el medio de la nada y totalmente perdido. Decidí entonces pedir direcciones a gente que, de muy buena gana, se detenían a ayudarme. Luego de preguntarles si conocían la avenida que estaba buscando y enseñarles el mapa, ellos ponían cara pensativa y algunos segundos después me respondían que nunca habían escuchado de ella. Después de repetir este ritual unas 25 veces (sin exagerar) y caminar unas cuantas cuadras mas, descubrí que la avenida que buscaba (que además es una de las mas importantes de Gaborone) era la misma avenida en la que estaba caminando y en la que había preguntado por direcciones por mas de 45 minutos y a mas de 25 personas distintas. Con frustración aprendí que los nombres de las calles y los mapas son absolutamente inútiles en Botswana. Aquí, en lo que pienso es un rezago de tiempos nomadicos, la gente se guía por instinto y “land-marks”.
Una vez en Riverwalk, me encontré con un mall moderno y de estilo occidental. Aproveche para abrir una cuenta de bancos, comprar un celular y comer algo. Con la certeza de que nuevamente me perdería en el camino de vuelta, decidí regresar antes de que anocheciera. Por suerte, el camino de regreso fue menos acontecido y llegue sano y salvo, luego de un viaje de vuelta de 2 horas (que debió haber tomado 30 minutos).
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Otro Cielo
"la stranezza di un cielo che non e il two" - Cesare Pavese
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre te faltaría un pájaro en silencio.
No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras por fin cómo es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón.
No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo.
Eso porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
Mario Benedetti
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre te faltaría un pájaro en silencio.
No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras por fin cómo es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón.
No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo.
Eso porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegues al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.
Mario Benedetti
domingo, 3 de agosto de 2008
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1 comentario:
Que tal post! Anda con cuidado man.
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