Tau, South Africa 29/08/08
Aunque lo vivido en estas ultimas semanas me sugiere las maravillas de este, mi nuevo hogar, en estos dos ulmos días las he experimentado en su plenitud.
Lugo de una semana intensa en el hospital (que en algunos días les relatare en detalle), y tras un viaje de aproximadamente 45 minutos en una carretera perfectamente asfaltada, y otros 15 minutos por trocha muy bien mantenida junto a Gill, Tim (su muy Britanico esposo), Steve y Pat (su muy Americana esposa), llegamos a Tao, un lodge que combina el lujo de un hotel cinco estrellas con la vida salvaje a la cual tanto ansiaba conocer.

Mi bungalow estaba situado frente a un pequeño reservorio de agua natural que atraía a todo tipo de animales y bestias salvajes. Aunque muy distinto a las aventuras que imaginaba tener en mi primer encuentro con esta tierra aun extraña para mi, tengo que reconocer que fue una experiencia gratamente única ver a un sinnúmero de animales totalmente salvajes (o “game” como se les suele lla

mar por los lugareños) venir a refrescarse y a beber en este pequeño reservorio aun humeante por el calor del mediodía, mientras yo también, totalmente desnudo (cual animal salvaje) me refrescaba en el agua aun humeante de un jacuzzi al aire libre, bebiendo una cerveza bien helada. En medio de la muy confortable analogía de la situación, no pude mas que sentirme un Tazan corrupto por los placeres mundanos de este mundo moderno. El canto de los pájaros y el sonido de los gansos y patos salvajes (que aunque bien se que no son ni ganso, ni patos, se les parecen mucho y en mi ignorancia no encuentro un mejor sustantivo para nombrarlos) revoloteando en el agua. Bandadas de diminutos pájaros que, cual banco de sardinas, nadaban en grupos perfectamente compactos y organizados, oscurecían de cuando en cuando el cielo perfectamente celeste y despejado, y la brisa fresca no hacían mas que completar mi primer recuerdo de el paisaje perfectamente armonioso de esta África “salvaje” de la cual empiezo a enamorarme.

Al caer la tarde salimos de safari. Nuestro guía (ranger), David, manejaba una impresionante Land Cruiser descapotada en la cual nos adentraríamos a donde ningún otro vehiculo podría. Aunque sabia que lo que estaba por venir seria una experiencia distinta a cualquier otra que haya vivido, el sentido de aventura y peligro se magnifico al ver a David acercarse a la camioneta cargando un par de rifles y municiones que, como nos dijo en un tono grave, eran

para nuestra seguridad. Algunas horas después me decepcionaría saber que estas armas no habían sido disparadas y que el, en sus varios anhos como ranger, nunca se había encontrado en una situación realmente peligrosa. Sea como sea, y armados hasta los dientes, en un vehiculo mas parecido a un tanque que a un auto cualquiera, nor enrumbamos en busca de lo salvaje.

David nos aconsejo estar atentos pues los animales podrían aparecer en cualquier momento y de la nada. Muy alerta, y esperando lo inesperado transcurrieron las tres primeras horas de nuestro recorrido. A pesar de haber tenido mis 7 sentidos puestos en el paisaje que nos rodeaba (o tal vez, justamente por eso), me resultaba cada vez mas frustrante cada vez David subitamente detenía la camioneta y, señalando hacia exactamente el mismo lugar al que yo muy atentamente vigilaba, decía: “miren, allí, a 3 metros de la camioneta hay un grupo de 50,000,000,000,000 zebras”, o “miren allí hay una familia entera de elefantes”. La emoción de ver a esos maravillosos animales a tan solo uno cuantos metros de distancia, interactuando en su hábitat natural, disminuyo la humillación que secretamente sentí al descubrir que, después de todo, no era mas que un Tarzan de jacuzzi.
Luego ve repetidos fallidos intentos por ser el primero en encontrar animales a la distancia, decidí cambiar mi identidad secreta de Tarzan, por la de un (distraído y comodón) reportero del Nacional Geografic y me dedique a disfrutar del paisaje y tomar miles de fotos cada vez que David se detenía a mostrarnos algo interesante.
Varias horas dentro de un terreno árido e inhóspito, y luego de haber fotografiado, todo tipo de gacelas, antílopes, pájaros, flores, jirafas, hipopótamos y demás) nos vimos forzados (muy gustosamente) a detenernos en el medio del camino cuando una familia entera de elefantes (por lo menos 15 o 20) se decidió a cruzar a menos de 15 metros nuestro. Un macho joven y curioso, como queriéndose hacer el malo se acerco incluso mas. Fue realmente impresionante tener a una bestia de varias toneladas mirándote fijamente a menos de 5 metros, haciendo todo tipo de sonidos y gesticulaciones. Aunque ya había tenido experiencias similares anteriormente al reunirme con

algunos amigos del colegio (bestias inmensas, algunos de casi una tonelada, que después de algunos tragos se convierten en seres salvajes y gritan cosas totalmente incompresibles), esta experiencia fue realmente única. Sin embargo la emoción inicial se convirtió rápidamente en un sentimiento de ternura al verlos interactuar, cuidarse unos a otros y protegiendo a los mas pequeños de la manada. Al parecer, la jefa de la manada resondro al joven macho que se nos había acercado ya que después de un fuerte llamado de atención, el macho se retiro si decir una palabra, pero haciendo un poco de berrinche.
Tal vez debido a la emoción de ver a estas majestuosas bestias interactuando a pocos metros de nosotros, o talvez por las cervezas que tome cuando aun era un Tarzan moderno, sentir unas ganas incontrolable por ir al baño. Con el permiso del ranger, (quien con rifle en mano velaría por mi seguridad), me escondí detrás de unos arbustos y, cual macho marcando su territorio, me dispuse a hacer lo mío. Aunque inicialmente no entendí el estruendo y alboroto causado en la manada, rápidamente comprendí lo sucedido. La ovación que recibí de los elefantes hembras al ver mi trompita fue algo sin precedente. El estruendo de sus alaridos retumbo en toda África. Hermanos, puede que no sea Tarzan, o que mi vista no sea tan buena, pero la admiración de los elefantes hembra y la envidia de los machos, no se la gana cualquiera.
Aunque el incidente de los elefantes marcara mi vida para siempre, uno de los eventos mas impresionantes del dia fue el rinoceronte blanco. Una bestia majestuosa, de por lo menos dos toneladas de pura musculatura, que se paseaba con seguridad alrededor de nuestra camioneta sin inmutarse por nuestr

a presencia, como sabiendo que allí, el era el “hombre” de la situación. Con un paso calmado y firme se acerco a nosotros. Casi podía tocarlo. Su coraza gruesa y reseca por el sol y el tiempo, su cuerno protruyendo una cabeza maciza y sólida me recordó a la de algún animal mitológico que deseos de los dioses seguía entre nosotros, comunes mortales. Una bestia realmente imponente. Mientras lo observabamos con asombro aprendi, aunque hubiera sido facil darse cuenta sin advertencia alguna, que su nombre proviene de la pobre traducción de una palabra que en Africans significa ancho (y suena como “wide” o “white”) y se refiere a las características de su miembro viril. Humildemente, y a pesar de la resiente ovación recibida por la manada de elefantes, le rendí mis mayores respetos y reconocí que no soy competencia alguna para el rinoceronte.
Al momento del sunset nos detuvimos en un lugar remoto y desolado y, nuevamente bajo la protección de varios rifles, nos bajamos de la camioneta. No se si lo que sucedería añadió o resto emoción a la experiencia, pero en menos de 5 minutos vi armada, en el medio de “Africa la salvaje” que tanto quiero explorar, una mesita cubierta por un mantel con diseños tradicionales del lugar y cubierto con mas alcohol y comida que la alguien podría consumir en varios días de juerga… y lo mejor de todo, era gratis. Un open bar en el medio de la nada!!! Un oasis en el medio del desierto!!! Así que rodeado de animales salvajes, y muy al estilo de un peruano que quiere aprovechar al máximo de comida y bebida gratis, me dispuse emborracharme.
Puede que haya sido el silencio casi absoluto, solo interrumpido por el canto de algunos lejanos pájaros, o el sentimiento de estar en el medio de la nada, sin absolutamente ninguna evidencia de el mal gusto con el que la civilización interrumpe la belleza del paisaje, o tal vez los colores del horizonte que lentamente cambiaban de vivo anaranjado a un turquesa intenso tras la negra sombra de una colina, o los 25 cócteles que ya corrían por mis venas, pero ese sunset y la penumbra que, poco a poco y sin prisa, abrazándolo todo se lleno de mas estrellas que las que nunca haya visto, fue simplemente mágico.
Ese día me fui a la cama contento, y sin siquiera imaginar que lo que vendría al día siguiente seria incluso más emocionante.
PD: He tomado mas de 200 fotos y estoy editándolas… no se preocupen que ya vienen dentro de poco.